Me senté hace diez minutos y no sé qué decir sobre este día, pero sí sé que quiero decir algo. 

Al despertar busqué una foto en mi teléfono y me topé con mi mamá paradita en Puerta de Hierro. Me quedé mirándola un rato y pensé en su generación, que es la de Néstor y Cristina y en todo lo que pusieron -el cuerpo, la vida- para que este país fuese más justo. Hace cincuenta años volvió Perón después de diecisiete de exilio y una multitud lo esperó. Un país convulsionado aquel -que es este- y después, el día que apagaron la luz. Pienso en la desesperación de esa generación que puso todo y creyó, en el miedo, la angustia, el desamparo, porque muerto Perón ¿qué? Alguien subió a Instagram un cartel que decía “Perón no ha muerto porque vive en el pueblo”. Lo que quedó de la generación diezmada -golpeada, torturada, exiliada, muerta de miedo- siguió creyendo que este país se podía cambiar y que un día iba a venir alguien y les iba a volver a marcar el rumbo. Acá está. La vimos hoy, de nuevo, viva, con la misma épica. La que cincuenta años después del día en el que mi mamá y tantos otros cruzaron un río para ver a Perón, en un estadio repleto se paró y nos dijo que hay peronismo para siempre. 

Al final de “La transitoriedad”, Freud dice: “lo construiremos todo de nuevo, todo lo que la guerra ha destruido, y quizá sobre un fundamento más sólido y más duraderamente que antes”, Lo hicieron. Lo hicimos.
Feliz dia


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