Hace 20 años mis padres se conmovieron con el discurso en una cocina de la Patagonia y hubo algo en esa escena que hizo que yo, que correteaba por ahí, me quedara viendo la pantalla, también conmovida. Algo de la escena: un presidente siendo aplaudido después de tanta hambre y tanta muerte, y unos padres esperanzados frente a un otro, de su generación -diezmada- que los convocaba y los invitaba a retomar un deseo de país que era muy complejo pero no por eso imposible.
No sé lo que fue que hizo que mi yo de once se quedara prendida a la tele pero sí sé que después esos sueños que él propuso ese día se fueron haciendo realidad y todxs esos convocadxs ese día nos fuimos convirtiendo en plazas. La de hoy fue épica, porque el peronismo tiene un no-sé-qué que te hace abrazar compañerxs y cantar bien fuerte que a pesar de las bombas no nos han vencido mientras llueve sin parar.
Llueva o truene, siempre, porque si hay algo que sabemos los peronistas es resistir.

